El campo que sostiene al país: defender al agricultor amazónico es defender a San Martín

En San Martín, el día empieza mucho antes de que la ciudad despierte. Me ha tocado ver cómo el agricultor inicia su jornada antes del amanecer. Cuando el sol todavía no calienta, ya hay hombres y mujeres en el campo, con las manos en la tierra, cuidando sus cultivos y apostando todo a una buena cosecha. El agricultor amazónico no pide aplausos ni discursos. Pide algo mucho más justo y simple: que su trabajo valga, que su esfuerzo sea reconocido y que vivir del campo no sea una lucha permanente contra el abandono.

Hablar del campo no es hablar del pasado. Es hablar del presente que sostiene a San Martín y del futuro que queremos construir. Nuestra región produce, alimenta y mueve economías enteras, pero muchas veces lo hace en silencio, sin apoyo suficiente, sin precios justos y sin un Estado que esté a la altura del sacrificio diario. Defender al agricultor amazónico es defender nuestra identidad y la base real de nuestra economía.

El esfuerzo que no siempre se ve

Cada producto que llega a la mesa tiene detrás una historia que pocas veces se cuenta. Yo he conversado con agricultores que dependen de una buena cosecha para pagar los estudios de sus hijos, para atender una enfermedad o simplemente para seguir adelante. Y aun así, muchas veces ese esfuerzo no se refleja en ingresos dignos.

En San Martín, el productor enfrenta el clima, las plagas, la falta de infraestructura y el aumento de costos. Cuando el precio baja injustamente o cuando el intermediario se queda con la mayor parte de la ganancia, no solo se pierde dinero. Se pierde ánimo, se pierde confianza y se pierde esperanza.

El agricultor no quiere regalos. Quiere reglas claras, trato justo y oportunidades reales. Quiere que su trabajo valga lo que realmente cuesta producirlo. Reconocer ese esfuerzo es el primer paso para una región más justa.

Cuando producir no garantiza vivir mejor

San Martín tiene un enorme potencial productivo, pero producir más no siempre significa vivir mejor. Lo he escuchado muchas veces. Agricultores que venden barato y luego compran caro. Otros que pierden parte de su cosecha porque no tienen cómo transportarla, almacenarla o colocarla en un mercado justo.

La informalidad y el abandono han dejado al productor solo frente al mercado. Sin información, sin respaldo y sin protección. Así, el campo se convierte en un espacio de resistencia, cuando debería ser un espacio de desarrollo.

Defender al agricultor amazónico implica cambiar esa lógica. Implica pensar en precios justos, en acceso real a mercados y en condiciones dignas para competir. No se puede hablar de crecimiento si quien produce sigue viviendo con incertidumbre.

San Martín tiene con qué crecer desde el campo

San Martín no es una región que pide permiso para salir adelante. Es una tierra fértil, diversa y trabajadora. Tiene productos que pueden competir a nivel nacional e incluso internacional. Lo que muchas veces falta no es capacidad, es decisión.

Mirar al campo con seriedad es entender que no es un sector atrasado, sino una oportunidad estratégica. Invertir en el productor es invertir en empleo, en desarrollo regional y en seguridad alimentaria. Cuando el campo crece, crece toda la región. Y cuando el campo se abandona, el país entero pierde.

Mercados justos y respaldo real

Uno de los mayores problemas que veo en el campo es la falta de mercados justos. Productos que se malogran, precios que no cubren costos y cadenas donde el que más trabaja es el que menos gana. Esa injusticia no puede seguir siendo normal.

El productor necesita respaldo real. Mecanismos que lo conecten directamente con el mercado, menos dependencia de intermediarios abusivos y políticas que valoren lo local. También necesita información, capacitación y financiamiento adecuado. No se puede exigir productividad sin dar condiciones.

El apoyo al campo no puede quedarse en discursos. Tiene que sentirse en la chacra, en la cosecha y en el precio justo.

Defender al agricultor es defender lo que somos

El campo no solo produce alimentos. Produce identidad. En San Martín, el agricultor es parte de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestro orgullo. Abandonarlo es abandonar una parte de nosotros mismos.

Tengo claro que no hay desarrollo posible si dejamos atrás a quienes trabajan la tierra. Defender al agricultor amazónico es defender la dignidad, el esfuerzo y el futuro de la región.

San Martín no puede seguir siendo solo una región productora sin beneficios para su propia gente. El campo merece respeto, respaldo y futuro. Porque cuando el agricultor avanza, San Martín avanza con él.