La anemia infantil no es un dato: es una deuda con nuestros niños

Hay momentos que no se olvidan. Momentos en los que uno deja de pensar en cifras y empieza a sentir el peso real de una realidad. A mí me pasa cada vez que estoy frente a un niño pequeño, cuando veo su mirada cansada o cuando escucho a su madre preguntarme si todo está bien. Ahí, en ese instante, la anemia deja de ser un problema técnico y se convierte en algo profundamente humano. Así se vive la anemia infantil en San Martín: en silencio, en lo cotidiano, en lo que muchas veces no se dice en voz alta.

Cuando estoy ahí, me inquieta la certeza de que esos primeros años definen gran parte de la vida de una persona. Ningún niño debería empezar su historia con desventaja.

Lo que se ve en el territorio

Cuando recorro comunidades y centros de salud, la anemia tiene rostro. La veo en niños que juegan menos, que se cansan rápido, que no tienen la energía que deberían tener a su edad. La veo en madres que hacen lo imposible con lo poco que tienen, que se esfuerzan cada día por cuidar a sus hijos, pero que muchas veces no cuentan con el apoyo necesario.

San Martín logró reducir la anemia en niños y niñas de 6 a 35 meses de 42.6 % en 2023 a 38.4 % en 2024. Son 4.2 puntos porcentuales menos. Sé que para muchos eso puede sonar a una cifra más. Para mí no lo es. Para mí son niños que hoy tienen más oportunidades que ayer. Son familias que empiezan a respirar con un poco más de tranquilidad. Cada punto que se logra reducir representa menos preocupación en un hogar. 

La anemia no se nota hoy, pero duele mañana

La anemia en la primera infancia marca el futuro. Lo he aprendido escuchando a especialistas, pero sobre todo observando la realidad. La falta de hierro en los primeros años afecta el desarrollo del cerebro, limita el aprendizaje y condiciona el rendimiento escolar.

Un niño que no desarrolla plenamente sus capacidades tiene que esforzarse el doble para llegar a la mitad. Por eso, cuando hablo de anemia, no hablo solo de salud. Hablo de oportunidades. Hablo de futuro. Hablo de qué tipo de San Martín queremos construir.

Cuando caminamos juntos, la realidad empieza a cambiar

Cuando hay diálogo, las cosas sí cambian. Cuando el Ministerio de Salud, el Gobierno Regional y los gobiernos locales se unen, el impacto se siente de verdad en la vida de la gente.

Lo he visto en comunidades donde antes no llegaban los controles, donde hoy hay seguimiento, orientación y acompañamiento. La anemia empieza a retroceder cuando hay presencia constante, cuando el Estado se hace presente.

Para mí, la articulación no es solo un concepto técnico. Es estar ahí cuando una familia lo necesita. Es llegar a tiempo. Es no mirar a otro lado.

Decisiones que nacen desde la responsabilidad

La Política Regional de Alimentos Fortificados es una de esas decisiones que parten de una convicción profunda: prevenir es cuidar. Sé que muchas familias hacen grandes esfuerzos, pero también sé que no siempre es suficiente. Por eso el Estado tiene que acompañar, reforzar y proteger.

El Pacto por la Gobernanza para el Desarrollo permitió que los gobiernos locales y el regional trabajen en la misma dirección. Cuando eso ocurre, el mensaje es claro: nuestros niños son prioridad.

Y cuando hablamos del Paquete Integrado de Atención del Niño y del Paquete de Atención de la Gestante, hablamos de algo muy simple y muy poderoso a la vez: cuidar desde antes de nacer. Acompañar a una madre gestante es cuidar al niño desde el primer día, incluso antes de que abra los ojos.

Fortalecer la salud es cuidar sueños

Garantizar atención digna, acceso a agua segura y orientación a las familias no es un lujo. Es una forma concreta de decirle a cada niño que su vida importa. Que sus sueños, aunque hoy no sepa nombrarlos, valen la pena.

Cada mejora en salud infantil es una inversión en humanidad. 

Un compromiso que no se detiene

A pesar de los avances, la anemia sigue presente. Todavía hay niños que la padecen y familias que necesitan apoyo. Y eso me recuerda que este trabajo no puede detenerse ni depender de momentos políticos. Tiene que ser constante, sostenido y honesto.

Desde lo que he visto recorriendo la región y escuchando a las familias, tengo una certeza que me acompaña siempre: cuidar a nuestros niños es una responsabilidad que no se delega. San Martín ha demostrado que sí se pueden cambiar realidades cuando hay sensibilidad, compromiso y presencia real en el territorio.

Ese es el camino que siento correcto y que debemos seguir fortaleciendo, con el corazón puesto en nuestra infancia y la mirada firme en un mañana más digno.