Saneamiento y salud pública: invertir en agua segura para reducir la anemia y las enfermedades infantiles

Cuando veo a las familias y a los niños en San Martín, entiendo que hablar de agua y saneamiento no es solo referirse a obras o tuberías, sino a salud, desarrollo y oportunidades para nuestra gente. Detrás de cada sistema de agua potable existe un impacto directo en la calidad de vida, especialmente en niños y familias en situación vulnerable.

Aún enfrentamos brechas importantes. Entre el 20 % y 25 % de la población rural no cuenta con servicios óptimos de agua potable mediante red pública, lo que se traduce en enfermedades prevenibles, limitaciones en la productividad y efectos persistentes en la niñez. Esta realidad nos recuerda que el saneamiento es una base estructural de la salud pública y del desarrollo social.

Agua contaminada y enfermedades evitables

Cuando uno recorro comunidades y converso con las familias, se puede ver con claridad cómo la falta de saneamiento genera una cadena de riesgos sanitarios. Cuando las fuentes de agua se contaminan por residuos, o cuando no existen sistemas adecuados de tratamiento, se facilita la transmisión de enfermedades a través del consumo diario.

Estas condiciones explican por qué las infecciones intestinales siguen siendo frecuentes en comunidades con baja cobertura sanitaria. No se trata únicamente de un problema técnico, sino de un desafío de salud pública que afecta principalmente a niños y poblaciones rurales, perpetuando ciclos de pobreza y vulnerabilidad.

La relación directa con la anemia y la parasitosis infantil

Uno de los aspectos que más me preocupa cuando veo la realidad de nuestras familias es la relación directa entre el saneamiento y la anemia infantil. En el Perú, el 40.1 % de los niños entre 6 y 35 meses padece anemia, lo que equivale a cerca de 700 mil menores de tres años afectados a nivel nacional, una cifra que evidencia la magnitud del problema sanitario.

Gran parte de esta situación está vinculada a las parasitosis intestinales, transmitidas por agua y alimentos contaminados. Estas infecciones provocan malabsorción de nutrientes, pérdida de hierro y debilitamiento del sistema inmunológico, afectando el crecimiento físico y cognitivo de los niños. Por ello, tengo claro que la lucha contra la anemia no puede limitarse a la suplementación nutricional: requiere necesariamente garantizar acceso a agua segura y servicios adecuados de saneamiento que ataquen el origen del problema.

Inversión en saneamiento como política de salud pública

Cuando uno observa de cerca la realidad de las comunidades, entiende que invertir en agua y saneamiento es una de las políticas más efectivas para mejorar la salud colectiva. La evidencia demuestra que las zonas con acceso a saneamiento presentan menores tasas de anemia, parasitosis y enfermedades diarreicas.

Por ello, estos proyectos no deben verse únicamente como obras de infraestructura, sino como intervenciones sanitarias estratégicas. Invertir en agua segura significa reducir gastos en salud, mejorar la productividad y garantizar mejores condiciones para el desarrollo de las futuras generaciones.

Un enfoque integral para el desarrollo regional

En San Martín, la geografía, la dispersión poblacional y las condiciones climáticas hacen que los proyectos de saneamiento requieran soluciones adaptadas a la realidad local. No basta con construir sistemas: también es necesario fortalecer la gestión comunitaria y promover educación sanitaria para asegurar su sostenibilidad.

Estoy convencido de que el saneamiento es mucho más que un servicio básico. Es una política pública integral que protege la salud, reduce desigualdades y abre oportunidades de desarrollo. Apostar por agua segura y sistemas eficientes de saneamiento es apostar por el futuro de nuestros niños y por un país que crezca con bienestar real y sostenible.